
Kelsey Grammer dice que el papel de Jesus Revolution fue ‘una respuesta a la oración’
17/08/2023
Un Corazón y Kike Pavón se unen para recordar «El Día En Que La Muerte Murió»
21/08/2023Equipos de Samaritan’s Purse dirigen clases bíblicas en varias comunidades de inmigrantes para recordarles que Dios los ama y que no se ha olvidado de ellos.
Hace tres años, cuatro hermanos emigraron desde Venezuela a Colombia con su madre, en busca de mejores condiciones de vida. Estaban entre los muchos venezolanos que huyeron de su país natal, ya que este país experimentaba una crisis económica que dificultaba conseguir comida y medicamentos.
La familia se asentó en Bucaramanga, al norte de Colombia, donde los inmigrantes han construido estructuras improvisadas hechas con madera y plástico, por lo cual los días lluviosos son particularmente complicados. Dado que la casa de los hermanos no está impermeabilizada, toda pertenencia que tienen suele mojarse.
A pesar de los desafíos, los hermanos (Solmary, de 13 años; Alejandro, de 8; Uriel, de 5 y Babi, de 3) no se han perdido una clase del programa de educación infantil de la organización humanitaria cristiana Samaritan’s Purse porque quieren aprender más de Dios.
Los equipos dan clases bíblicas a los niños inmigrantes venezolanos (de 4 a 17 años), tres veces por semana. Los pequeños aprenden sobre temas bíblicos como el carácter de Dios, la salvación, la oración y la adoración, además de cómo demostrar a otros la bondad, el respeto y un espíritu de generosidad. También brindan una guía de prevención contra el tráfico de personas.
Muchos de los niños mayores asisten a la escuela en la zona, pero los maestros de Samaritan’s Purse ayudan a algunos de los más pequeños a aprender a leer y a escribir mientras estudian la Biblia. “No es raro que los niños lleguen a clase tristes y retraídos, oprimidos por las luchas diarias que sus familias experimentan. Es posible tengan hambre por no tener suficientes alimentos para comer”, explica Diego Páez, el coordinador del ministerio en Bucaramanga.
“Para combatir esto, les proveemos un bocadillo en cada clase, les damos un abrazo y les decimos cuánto los ama Dios. Hacia el final de la clase, su actitud a menudo se ha transformado. Sonríen, cantan canciones y hacen manualidades, disfrutando del tiempo destinado a ser simplemente niños”.
“Varios niños han orado para recibir a Jesucristo como su Salvador”, asegura Páez.
Fuente: Evangélico Digital | Vida Cristiana